Todo transcurre con normalidad. La conversación es amena y distendida. Dice algo y tú sueltas una carcajada. De repente, su cuerpo se tensa. Algo ha pasado en su interior: un chispazo surgido en algún punto de su cerebro se ha dirigido al resto del cuerpo. Por un momento, sus labios quedan mudos mientras sus pupilas se dilatan. El claxon de un coche rompe el trance. La conversación prosigue.
Louise Bourgeois tenía 82 años cuando materializó en bronce lo que experimenta una persona bajo la influencia de un trauma emocional. “Arco de la Histeria” es una de las esculturas más perturbadoras y bellas de esta artista. Una figura masculina a tamaño natural, sin cabeza, se contorsiona hasta formar un arco con su espalda. La dorada figura levita en el aire, sostenida tan solo por un cable. De este modo la autora parece desmontar una larga tradición médica y cultural que feminizó la histeria. La histeria no tiene un solo sexo.
La artista explora el efecto del trauma en el cuerpo, la conexión entre el dolor emocional y la respuesta física. Utiliza la creación artística como una forma de reducir su ansiedad, una vía para liberarse de sus propias tensiones reprimidas. Rompe de adulta, un silencio impuesto en su niñez. Lo hace cuando es finalmente capaz de aceptar que su malestar es consecuencia de la interacción con quienes han moldeado su paisaje psicológico y físico. Lo hace cuando entiende que solo ella puede hacer el exorcismo de sus propios demonios.

Fuente: MoMA
En este contexto, detrás de todas las manifestaciones físicas y de comportamiento, hay también una química compleja subyacente. Este texto explora el cortisol como una de las moléculas clave en la fisiología del estrés, y como elemento que conecta procesos biológicos con experiencias corporales asociadas al trauma emocional.
GENERANDO CORTISOL
El cortisol es una hormona esteroidea sintetizada en la corteza de las glándulas suprarrenales, situadas sobre los riñones. Su liberación forma parte de una cascada del eje HPA (hipotálamo-hipófisis-suprarrenal) que coordina la respuesta fisiológica al estrés.
Los sentidos envían información al tálamo, que la traduce para que la amígdala la compare con patrones previos amenazantes. Si detecta peligro, alerta al hipotálamo, que ordena a la hipófisis liberar una hormona mensajera. La señal llega a las suprarrenales, que sintetizan y liberan cortisol a la sangre. Cuando el nivel es suficiente, el propio cortisol frena al hipotálamo y la hipófisis, cerrando el circuito. Este proceso también activa la producción de adrenalina.
De forma paralela, existe una vía más lenta que pasa por la corteza prefrontal, la parte que razona. El problema es que llega tarde: el cuerpo ya ha reaccionado. De ahí el consejo de contar hasta diez antes de actuar.
Cuando el estímulo es muy intenso, la amígdala puede cortar la comunicación con otras áreas cerebrales. En estos casos, solo se actúa. Sos esos momentos en los que nos quedamos sin palabras.
Qué se considera amenazante o inofensivo, depende tanto de nuestra biología como de nuestra historia. Un sonido, una risa o un color pueden quedar asociados a una experiencia abrumadora, y el cuerpo los tratará como una señal más de peligro, liberando cortisol cada vez que los encuentre.
ANATOMÍA DEL CORTISOL
El cortisol es una molécula que comparte ciertas características estructurales con otras sustancias como el colesterol o la testosterona.

Fuente: Wikipedia. Dominio Público
Si te fijas con detalle, además de presentar anillos fusionados, tres hexágonos y un pentágono, contiene diversos grupos funcionales: tres grupos hidroxilo (-OH); dos grupos carbonilo (>C=O); un doble enlace (C=C).

Fuente: Wikipedia. Dominio Público
Cada elemento determina cómo se comporta la molécula en un medio determinado. Los grupos -OH y C=O son capaces de formar enlaces intermoleculares con el agua y con otras biomoléculas. El doble enlace, por su parte, aporta rigidez a una zona concreta del esqueleto y contribuye a definir su forma tridimensional. El esqueleto hidrocarbonado (C y H) presenta afinidad en el medio lipídico.
La combinación de todos estos elementos permiten el desplazamiento del cortisol a través del cuerpo. Veamos cómo viaja por el cuerpo.
EL VIAJE DEL CORTISOL
El objetivo principal del cortisol es unirse a sus receptores ubicados en diferentes partes del organismo: cerebro, hígado, músculos, tejido adiposo y puntos concretos del sistema inmunológico. Gracias a su naturaleza lipídica, puede atravesar las membranas celulares.
En la sangre, el cortisol viaja unido a proteínas transportadoras, que actúan como vehículos dentro del flujo sanguíneo. Una vez en su destino, atraviesa la membrana celular para acceder al citoplasma, donde se une a los receptores MR y GR. Los grupos OH y C=O encajan con precisión en zonas específicas del receptor, como piezas de un puzzle tridimensional. Los receptores cuando se unen al cortisol forman complejos que migran al núcleo. Una vez allí, activan o desactivan la expresión de algunos genes, o interactúan con otros sistemas de regulación celular.
El resultado es que una sola molécula puede desencadenar cambios amplios y duraderos en el funcionamiento de la célula, lo que explica por qué el cortisol tiene efectos en tantos órganos a la vez. En el siguiente párrafo verás algunas de sus funciones.
METABOLISMO EN ALERTA
Como el resto de hormonas, el cortisol es de gran importancia para nuestro correcto funcionamiento. Contribuye, por ejemplo, a regular el metabolismo y a gestionar los recursos energéticos. Se libera como respuesta al estrés y cuando hay niveles bajos de azúcar en sangre. Su secreción está controlada por los ritmos circadianos: es más alta por las mañanas y más baja por las noches.
Tanto un defecto como un exceso pueden provocar desajustes metabólicos. Un nivel elevado se asocia con la acumulación de grasa abdominal, alteraciones del sueño, disminución de la masa ósea, resistencia a la insulina y problemas en la cicatrización de la piel. También puede suprimir el sistema inmunológico, como una forma de ahorro de energía.
El nivel de cortisol viene determinado principalmente por la emergencia, los picos de azúcar en sangre y los ciclos del sueño, tres aspectos completamente alterados en las sociedades modernas.
Su presencia también está relacionada con el desarrollo y manifestación de los traumas.
TENSIONANDO EL CUERPO
Aparte del estilo de vida o de circunstancias pasajeras, hay personas que parecen vivir con niveles de cortisol anómalos o con el sistema de respuesta al estrés alterado o sobreactivado. Guerras, accidentes y desastres naturales son desencadenantes comunes de la desregulación del sistema de estrés. Otros factores pueden ser menos obvios, como la violencia y la negligencia, ya sea social, sexual, laboral o familiar, así como la exposición al trauma de otras personas.

Fuente: www.jmartmanagement.com
Quien ha sobrevivido a algunas de estas vivencias debe afrontar la vida con un sistema ya de por sí sobreactivado. Esta hipervigilancia lo prepara para dar luz verde a la respuesta aprendida ante el disparador oportuno: ataque, huida, aplacar, congelarse. Esta situación se ha asociado con una mayor vulnerabilidad ante los vaivenes de la vida.
LA HISTORIA NO CONTADA
El trauma se entiende como la marca que deja en el cuerpo y en la psique una experiencia que desborda la capacidad del organismo para comprenderla e integrarla. No es el evento en sí, sino su efecto a largo plazo. Cuando la experiencia es demasiado emocional, y no se puede hacer el proceso de elaboración consciente, puede almacenarse de forma fragmentada. Esto quiere decir que no se crea una narrativa neutra, sino un patrón de conexiones neuronales (percepciones, conductas, somatización) no percibidas por nuestra parte consciente. Estos se activarán de forma inconsciente y automática cuando la amígdala del cerebro crea reconocer una situación similar. En ese momento se generará cortisol. El bucle del trauma se habrá reactivado.
Esta dinámica (memoria fragmentada, activación inconsciente, cuerpo en alerta) ha sido estudiada y nombrada por autores como Bessel van der Kolk, Peter Levine, Alice Miller y, en el contexto español, Jorge Barudy.
Aunque un trauma puede producirse en cualquier momento de la vida, el que se produce en la infancia juega un papel relevante en la vida adulta. Especialmente impactante es aquel producido en el entorno familiar. En estos casos suele ser más difícil reconocer y procesar el daño psíquico, ya que los recuerdos han quedado sepultados por el olvido, la vergüenza, la lealtad o el miedo.
Lo que sí perduran son las memorias corporales, conductuales y emocionales, las señales que Bourgeois consiguió representar.
LAS CICATRICES INMATERIALES
Como seres sintientes es normal que algunas de nuestras experiencias no hayan sido totalmente procesadas. También es habitual que el entorno no haya podido o sabido enseñar cómo hacerlo. Por eso, el mayor reto en la recuperación del trauma es entrar en contacto con las propias emociones, reconocerlas, aceptarlas e integrarlas para convivir con el recuerdo de forma menos amenazante. Un primer paso parece ser que es identificar sus manifestaciones como señales invisibles de lo no expresado. Estas pueden ser muy diversas: insomnio, migrañas, dolor crónico, compulsión, depresión, grandiosidad…
La forma de lidiar con el trauma es también variada y depende del conocimiento, los referentes, el apoyo y los recursos disponibles: ignorar, reprimir, disociarse, anestesiarse, evitar, aislarse, controlar, autocastigarse, justificar, culpar, intelectualizar, proyectar, agredir…; pero también admitir, expresar, elaborar, resignificar, transformar…
Mientras tanto y en paralelo, la bioquímica del cortisol sigue su curso. Y hay quien su efecto lo ha canalizado a través del arte.
LOUISE: liberando el trauma
Pocas artistas han explorado con tanta honestidad la huella del trauma infantil. Ella demostró que es posible su transformación en lenguaje artístico, abriendo un camino de sanación para el resto de personas.
Louise Bourgeois vivió 98 años y convirtió su biografía en el núcleo de una obra. Comenzó su proceso artístico con apenas veinte años y a partir de ese momento trabajó incansablemente en una producción artística que fue confrontación y catarsis. A los 61 años dejó de ser “la mujer que hacía esculturas en el sótano” para convertirse en la que sería la figura central del arte contemporáneo.

Fuente: Estudio Flechazo
Inquietante y violenta, pero también irónica y liberadora, su obra dio forma a conflictos comunes en el trauma infantil: amar y odiar; buscar refugio en lo que hiere; querer ser vista y desaparecer. En piezas como “Destruction of the Father”, sus “Cells”, las arañas como “Maman”, y los diferentes “Arch of Hysteria” transformó esa huella en materia. Me pregunto si consiguió su objetivo.
El coste del estrés crónico es muy alto. El sistema del estrés, en el que el cortisol juega un papel central, puede convertirse en el peor enemigo. Las respuestas aprendidas pueden persistir durante años.
El cuerpo no olvida. Pero, afortunadamente, puede aprender otras formas de recordar.
MATERIAL DE CONSULTA
Blogs y enlaces
- Wikipedia. Louise Bourgeois
- Wikipedia. Cortisol
- Página del MoMA. Louise Bourgeois
- Página del Guggenheim Bilbao. Louise Bourgeois
- Blog Circarq. Louise Bourgeois
- Blog HA!. Louise Bourgeois
Vídeos
- Canal Sotheby’s. YouTube. First Look: Louise Bourgeois “Arch of Hysteria“
- Canal ProaTV. YouTube. Cómo Louise Bourgeois hizo “Arch of Hysteria” con Jerry Gorovoy como modelo
- Canal CAI. YouTube. The Story of: Louise Bourgeois (1911–2010)
- Canal HENI Talk. YouTube. Louise Bourgeois: Memoria, trauma y el poder radical de la escultura
Libros y artículos
- “Por qué las cebras no tienen úlceras? La guía del estrés. Robert M. Sapolsky. Alianza Editorial. 2008
- “Mucho más que cortisol”. Dr. Richard Mackenzie y Peter Walker. Editorial Diana. 2025
- Revista Psicología y Mente. ¿Cómo se relacionan entre sí el estrés postraumático y las hormonas?
- Revista Psicología y Mente. Cortisol: la hormona que nos genera estrés
- “Las heridas que nos vemos”. Begoña Aznárez. Editorial Vergara. 2025
- Libros de Alice Miller. www.planetadelibros.com/serie-biblioteca-alice-miller
Imagen: estructura molecular del cortisol. Imagen generada con Gemini.
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