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[15] Space Art o cómo narrar el cosmos

Cuadro de la Vía Láctea realizada por Jesús Salado, en el que se indican sus elementos o brazos. Space Art

Es una noche de verano. El cielo está despejado y la distancia a la ciudad permite contemplar el manto estrellado en todo su esplendor. Por un instante, sientes el peso de su presencia sobre ti. Tus ojos recorren los grupos de estrellas que parecen organizarse en complejas figuras. Distingues el trazo de tu galaxia, la Vía Láctea, que en su lento giro, se desplaza pausadamente a través del espacio. Y allí estás tú, navegando por el cosmos, encaramada a ella.

Desde muy pequeña sentí fascinación por el universo. En algún momento de mi infancia quise ser astronauta, una profesión inaccesible para una niña nacida en plena transición española. Hoy, al mirar atrás, entiendo que aquella idea era una forma temprana de expresar necesidad de exploración. Estas ideas no aparecieron de la nada. Siempre hay un germen. El mío estaba en el cuarto donde mi hermano César estudiaba. En mis incursiones a su refugio, iluminado apenas con la bombilla de un flexo, conseguía que me hablara del espacio. Aquellos momentos marcaron profundamente mi manera de relacionarme con el mundo. La vida sin curiosidad debe de ser muy aburrida.

Esta curiosidad infantil por el cielo no era un caso aislado. A partir de finales de los años 60, con misiones como el Apolo 8, comenzaron a difundirse por televisión las primeras imágenes de la Tierra y del espacio. Este proceso se consolidaría en las décadas siguientes gracias a la exploración espacial y a la divulgación científica, especialmente la liderada por Carl Sagan. Sin ser consciente de ello, estaba asistiendo a una ampliación colectiva del horizonte: el universo dejaba de ser solo algo que se imaginaba para convertirse en algo real que podía observarse desde casa.

A medida que avanza la tecnología, cada vez somos capaces de “ver” más cosas de nuestro entorno lejano. Mi pregunta en este punto es: ¿hasta qué punto somos capaces de representar toda esta complejidad?. Motivada por esta pregunta abordo cómo la curiosidad humana ha evolucionado desde la contemplación a la observación y racionalización del cielo hasta su representación científica y artística.

Este texto pretende explorar como los procesos de ver, pensar y crear forman parte de un mismo impulso.

VER EL COSMOS

Si lo piensas bien, el universo nunca ha sido un secreto: siempre ha estado ahí. Para nuestros ancestros debió de ser una compañía poderosa. Lamentablemente, en la era moderna la contaminación lumínica es tal que su presencia ha quedado prácticamente oculta. Hoy vivimos de espaldas a él.

Es de suponer que la contemplación del cielo debió ser una práctica, casi obligada durante milenios, un ingrediente fundamental para la formación del pensamiento colectivo y de las primeras teoría sobre nuestro origen. Sorprendentemente, aún quedan algunos vestigios de tempranas representaciones de objetos celestes. Uno de los más antiguos es probablemente el signo esquemático encontrado en La Cueva del Sol (Neolítico-Edad del Bronce). Estas prácticas no solo eran simbólicas, también herramientas de organización social. También han perdurado de aquellas épocas las representaciones del cosmos en forma de deidades, como la poderosa regente sumeria del cielo Inanna.

La observación, junto con el cálculo y la deducción, fueron sin duda, los impulsores que permitieron crear los primeros calendarios y mapas celestes. A las primeras civilizaciones babilónica y egipcia les debemos, respectivamente, los calendarios lunisolares y solares. La astronomía tuvo igualmente un papel destacado en las culturas precolombinas, las cuales fueron incluso capaces de predecir eclipses. Estas culturas dejaron su legado, y en las siguientes épocas, otras tomaron las riendas de este arduo trabajo que es observar el cielo, y detectar cualquier cambio, como las explosiones de supernovas o las apariciones de los planetas errantes.

Con el tiempo, la simple observación dejó de ser suficiente y dio paso a una necesidad profunda de explicación.

PENSAR EL COSMOS

Todas estas observaciones sentaron las bases de la astronomía moderna y del pensamiento racional sobre el cosmos. Hubo para quienes la mera presencia no era suficiente, querían responder a otras preguntas menos terrenales: qué, por qué, hasta dónde, hasta cuándo, quién.

De forma no lineal, las primeras mitologías cosmológicas fueron evolucionando hacia formas de pensamiento más racionales. El pensamiento astronómico científico moderno se construyó a partir de múltiples tradiciones. La Grecia clásica aportó importantes modelos teóricos del cosmos, mientras que la civilización islámica medieval, incluyendo científicos persas, realizó grandes avances en observación, instrumentos y cálculo astronómico que posteriormente influyeron en el desarrollo de la astronomía europea.

Este impulso por comprender el universo no se detuvo en la teoría, sino que se transformó en medición, cálculo y observación sistemática.

CONOCER EL COSMOS

Hoy en día, se continúa con esta ambiciosa tarea de cartografiar el universo. Para ello se emplea la cuantificación, la herramienta clave de la ciencia. De manera simplificada, consiste en seleccionar una característica, hacer mediciones de uno o varios parámetros y, por último, analizar los datos obtenidos. Con la información resultante se intenta construir modelos y teorías capaces de dar respuesta a las preguntas surgidas. Sin embargo, esta empresa no deja de estar condicionada por una dificultad fundamental en la astronomía: el objeto de estudio se encuentra extremadamente lejos, lo que obliga a trabajar con datos incompletos y observaciones indirectas.

Pintura que representa la nebulosa Ojo de Gato, realizada por Jesús Salado Castro. Space Art
“Ojo de Gato”. Pintura basada en la nebulosa que lleva este mismo nombre
Autor: Jesús Salado Castro.
Fuente: Cortesía del autor.

La astronomía es una ciencia compleja. Con el tiempo, al igual que otras ciencias, se ha ido desglosando en disciplinas derivadas, todas interconectadas entre sí. La astrofísica, por ejemplo, es un área que busca explicar cómo y por qué ocurren fenómenos como la formación de estrellas, la evolución de galaxias o la presencia de agujeros negros. Por otro lado, la gran pregunta sobre el origen de la vida, y su posible existencia fuera de la Tierra, ha impulsado el desarrollo de la astrobiología, una disciplina profundamente multidisciplinar. En este contexto, la astroquímica ocupa un lugar fundamental, un área que estudia la composición química del espacio y las reacciones que ocurren en él. Aunque es menos conocida, desempeña un papel clave en el crecimiento del resto de áreas. En ella me centraré en otra entrada.

Y con cada descubrimiento sobre el universo, nuevas puertas se han abierto para las mentes reflexivas y creativas, dueñas y señoras de los que hoy se denomina el arte del espacio.

NARRAR EL COSMOS: EL ARTE ESPACIAL

El Arte Espacial (Space Art o Arte del Espacio) es un género artístico moderno en pleno desarrollo, aunque todavía son pocas las personas que lo reconocen como una disciplina independiente. Cuando pensamos en el espacio, seguramente nos vengan a la cabeza fotografías increíbles de nebulosas y planetas. Debido posiblemente a la inmediatez de los resultados, la fotografía es una de las técnicas más empleadas actualmente. No fue así en el pasado, cuando el dibujo era el recurso principal utilizado tanto por astrónomos como por artistas.

M42 La Nebulosa de Orión. Jesús Salado Castro. Space
 Art
Dibujo de la Nebulosa de Orión, M42.
Autor: Jesús Salado Castro.
Fuente: Cortesía del autor.

Y aunque la escultura y el dibujo siguen siendo empleados como medio de expresión astronómica, el artista Jesús Salado Castro afirma: “Somos pocos los dibujantes del cielo”.

EL VIAJE ÍNTIMO DEL SPACE ART

Aunque el arte astronómico tuvo su origen oficial en los años 1940-1950, las primeras representaciones del cielo nos han acompañado desde la antigüedad. La calidad y grado de realismo de las obras han ido de la mano de la tecnología disponible. Primero fue la observación directa, después llegaron las lentes, los telescopios terrestres y por último los grandes telescopios espaciales, de los que se disponen actualmente dos, el veterano Hubble y el James Webb. Se espera que la pequeña Pandora, la cual ha comenzado su andadura en enero de 2026, arroje información valiosa sobre los exoplanetas.

Afortunadamente, la divulgación del conocimiento científico ha permitido que emerjan más reflexiones y cuestionamientos sobre la naturaleza del universo. A esto hay que añadir, que la captura de imágenes y vídeos ya no es un privilegio exclusivo de la comunidad científica. Hay una tecnología de gran calidad disponible para el resto de mortales, que se ha convertido en un importante soporte para el proceso creativo de los y las artistas.

En esta línea de trabajo se enmarca la obra de Jesús Salado Castro, quien dibuja a partir de sus propias exploraciones, tanto mediante la observación directa como con el telescopio situado en el Observatorio Calar Alto (Almería). Él registra en sus dibujos el cielo profundo en una práctica que recuerda a los antiguos naturalistas, pero aplicada al ámbito galáctico. Su estudio y conocimiento le permite especular posibilidades y perspectivas, como en su obra “La Vía Láctea” que encabeza esta publicación.

Taller del artista astronómico Jesús Salado Castro. Space Art
Taller de Jesús Salado Castro donde se puede ver el lienzo de la “Vía Láctea”.
Fuente: Cortesía del autor.

Bucear por su “Cuaderno de campo del cielo profundo” se convierte en una excursión íntima por los rincones del firmamento. También muestra el proceso de observar y dibujar. Una conjunción que ayuda a comprender, incluso a querer participar en esto que llaman dibujo astronómico. En él se aprende y se piensa el cielo, desde la perspectiva de alguien que tiene los pies en la Tierra.

Aprovecho para agradecerle su generosa aportación a este post y la grata conversación virtual.

EL REFLEJO HUMANO EN EL SPACE ART

No hay duda de que el estudio del cosmos despierta tanto fascinación como inquietud. Los artistas de todos los tiempos han sucumbido a sus encantos, convirtiéndose en compañeros de viaje de la ciencia. El arte ayuda a canalizar emociones y a construir imágenes comprensibles de realidades complejas.

Para que esta conexión funcione, es necesario que ambas disciplinas confluyan. Sin científicos/as con sensibilidad artística, o artistas con inquietudes científicas, nuestra visión del universo quedaría incompleta. Sin embargo, representar el cosmos no consiste únicamente en reproducir lo visible, sino en encontrar lenguajes capaces de acercarnos a aquello que permanece oculto.

Teniendo en cuenta todos estos aspectos, mi objetivo es a echar una mirada a la historia del Space Art. He fijado mi atención no solo los referentes de otras épocas, sino también en quienes actualmente, como Jesús Salado, poseen el testigo. Mi objetivo es descubrir qué han representado, cómo lo han hecho, y cuáles son sus motivaciones. También quiero saber cuánta química orgánica hay en el arte espacial.

Porque explorar el universo es, en el fondo, una forma más de estudiar quiénes somos.

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Libros y artículos

  • “Tinta y sangre”. Han Kang. Editorial Random House. 2010
  • “The Beauty of Space Art An Illustrated Journey Through the Cosmos”. Jon Ramer (Editor), Ron Miller (Editor). Springer. 2021

Imagen: “La Vía Láctea vista desde un plano superior”. Lugares clave de objetos con distancias en al. 
Pintura de gran formato 250x250cm realizada sobre tabla en dos paneles. Autor: Jesús Salgado Castro
. Fuente: Imagen cortesía del autor.

¡Espero que hayas encontrado útil y entretenido este post!

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