OrganycArt

donde Química Orgánica y Arte se encuentran

[5] La crema antiedad de la Joven de la Perla

La Joven de la Perla de Vermeer. OrganycArt

Te acercas al espejo y, al mirarte, descubres una nueva arruga. Con un gesto casi automático, aplicas una crema antiedad sobre tu piel, como si con ella pudieras borrar esa incómoda imperfección. Sabes en el fondo que ese acto es solo una ilusión. La realidad es que toda materia está en un constante cambio y que tarde o temprano es perceptible. Es precisamente este cambio continuo lo que nos hace existir. Sin química, no solo no existiría el envejecimiento, sino tampoco la vida. A pesar de los esfuerzos por conocer los procesos responsables de nuestro deterioro, aún falta tiempo para poder controlarlos a voluntad. Mientras tanto, lo único a lo que podemos aspirar es a preservar la eterna juventud de la “Joven de la Perla”.

Hace unos meses, tuve la suerte de visitar La Haya y admirar “La Joven de la Perla”, la joya del Museo Mauritshuis. En este tronie, Vermeer logró lo que solo algunos artistas pueden lograr: capturar el alma de su modelo. Es precisamente esta alma, junto con sus intenciones, lo que convierte a esta obra en un enigma abierto a tantas interpretaciones como miradas se posan sobre ella. Algunos ven conexiones íntimas entre el pintor y su musa, mientras que otros la interpretan como la personificación de la melancolía.

En mi caso, no me interesa tanto el tipo de emoción que despierta en mi, sino el hecho de ser testigo de un momento de introspección interrumpido, quizá por la presencia del retratista. La tensión de la escena se percibe justo cuando parece que se va a resolver. Pero la tensión de la escena no se resuelve. No hay sonrisa, ni palabras, ni giro de cabeza que haga evolucionar el momento congelado. Y es justo esa espera lo que me mantiene cautivada.

Además, hay una determinación en ese rostro tan joven, sin arrugas ni otros signos de expresión, que hace que su efecto sea aún más impactante. Lo que vemos es sutil, casi invisible, pero indiscutiblemente está ahí, plasmado con maestría por Vermeer.

Desgraciadamente, la juventud cristalizada en el lienzo está permanentemente amenazada por el implacable paso del tiempo, siendo la química su mayor enemiga.

¿CUÁNTO DE JOVEN ES REALMENTE LA JOVEN DE LA PERLA?

Nunca sabremos cómo lucía “La Joven de la Perla” recién creada. Sabemos que en aquella época, los y las artistas del óleo solían recubrir sus obras con barnices para protegerlas de la humedad.

No obstante, lo que sí podemos hacer es leer la vida de la pintura a través de las huellas que el tiempo ha dejado en ella. El estado de un cuadro cuenta su propia historia: nos revela la inversión económica del artista; la calidad de los pigmentos y barnices empleados; la manera en que ha sido expuesta y almacenada; y las condiciones ambientales a las que ha estado sometida. Además, nos ofrece pistas sobre las posibles intervenciones, tanto positivas como negativas, de restauradores u otras manos con acceso a la obra.

En el caso de nuestra joven y, a juzgar por su apariencia, parece que su vida, desde que fue pintada en el siglo XVII, ha sido algo intensa. Veamos cómo la ciencia ha permitido desentrañar el relato vital de La Joven.

EL LAVADO DE CARA

El historial de conservación de “La Joven de la Perla” nos dice que han sido varias las intervenciones realizadas en ella. Una de las documentadas se realizó en 1960, cuando, entre otras acciones, se aplicó un barniz destinado a proteger los pigmentos de los agentes medioambientales. Sin embargo, como es habitual en este tipo de barnices, este fue adquiriendo una tonalidad amarillenta, alteración cromática que ha acompañado a la pintura durante décadas.

Posteriormente, ya en 1994, ese barniz fue finalmente retirado durante otra intervención, lo que permitió revelar detalles de la obra que habían quedado ocultos. Por un lado, la piel emergió con una tonalidad más clara de lo esperado. Nuevos trazos, no apreciables con el barniz, como las líneas rosadas dispuestas en la comisura de los labios, emergieron para resaltar la expresión de la muchacha. Otro de los hallazgos que llamó mucho la atención fue descubrir que lo que había sido interpretado como un reflejo en la perla, era en realidad un fragmento de pintura desplazado accidentalmente y atrapado en otro lugar por el barniz aplicado durante la anterior restauración. ¡Cosas que pasan!

Joven de la Perla durante el proceso de retirada del barniz_OrganycArt
Alteración cromática causada por el barniz observada en “La Joven de la Perla” durante la intervención de 1994.
Fuente: página web del Museo Mauritshuis.

SOMBRA AQUÍ, SOMBRA ALLÁ

Lo más fascinante de esta etapa de lavado de cara fue poder apreciar en todo su esplendor la maestría de Vermeer en el manejo de luces y sombras para modelar el rostro. Esta impecable aplicación de luces, esta vez en el turbante, le permitió lograr ese efecto de volumen y textura tantas veces imitado.

Sin el barniz, también fue posible observar con más detalle la falta de minuciosidad en el rostro, lo que refuerza la hipótesis de que Vermeer no pintó un retrato convencional, sino un estudio facial. Es decir, en lugar de capturar la esencia de una persona concreta, con todas sus características propias, el pintor se centró en gestos y expresiones. Este tipo de trabajos, conocidos como tronies, muy populares en su época, rara vez incluían marcas personales en la piel, como cicatrices o lunares, lo que hace que las especulaciones sobre la identidad de la joven —tan comunes en películas, libros y documentales— carezcan de fundamento.

Curiosamente, a pesar de que retirar el barniz ha ayudado a conocer más a la obra y a su autor, aún hay quienes añoran el antiguo barniz amarillento y el efecto único que este proporcionaba a la pintura.

EL ENVEJECIMIENTO DE LA JOVEN DE LA PERLA

A pesar de los tratamientos de preservación las obras envejecen, y en ocasiones es necesario hacer intervenciones más invasivas. Los distintos aspectos y materiales que envuelven a una obra de arte, hacen que, antes de abordar su restauración, se requiera de la colaboración de distintos expertos/as para evaluar su verdadero estado. Es esencial comprender, desde distintos enfoques, cómo los barnices, esmaltes, pinturas, soportes e incluso el bastidor han sido afectados, ya que todos estos elementos forman parte del conjunto de la obra.

Entre los desperfectos físicos más comunes que se pueden detectar están los causados por hongos, insectos o roedores. A menudo pueden darse también desgarros en el lienzo y grietas en la tabla. 

Sin embargo, el mayor desafío radica en identificar la degradación química de los propios materiales, consecuencia de complejos procesos físico-químicos. El profundo conocimiento de las causas de estos daños y cómo prevenirlos es el reto principal para conservadores y conservadoras de arte. Ello implica entender que las sustancias interactúan constantemente con el entorno, y según su naturaleza química, esta interacción resultará en unos cambios determinados. En el caso de barnices y pigmentos, las consecuencias de su degradación más frecuentes son:

  • El agrietamiento o craquelado.
  • La pérdida de adhesión del pigmento al soporte que puede provocar:
    • La formación de balsas.
    • Desprendimiento del pigmento.
  • La decoloración de los pigmentos.
  • El amarilleo del barniz.
  • La acumulación de suciedad en grietas o poros.
  • La cristalización de los recubrimientos.

Sin duda, las intervenciones serían más exitosas con el respaldo de un mayor conocimiento científico.

Craqueado en “La Joven de la Perla”, de Vermeer. Fuente: página web del Museo Mauritshuis.
Craquelado en “La Joven de la Perla”, de Vermeer. Fuente: página web del Museo Mauritshuis.

EL CRAQUELADO, LA ARRUGA DE LAS PINTURAS

El agrietamiento en las obras pictóricas suele ser visible a simple vista. En algunos casos, afecta solo al barniz que, una vez retirado, deja emerger una superficie subyacente intacta. Sin embargo, en otros casos, el barniz oculta el craquelado del pigmento. Puede darse el caso de que las grietas sean solo superficiales o tan profundas que causen el desprendimiento de la pintura, como ocurrió con La Joven de la Perla.

Grietas en la Joven de la Perla_OrganycArt
Grietas ampliadas en la Joven de la Perla
Fuente: página web del Museo Mauritshuis.

El craquelado puede ser causado por varios factores. Uno de los más comunes tiene que ver con las fibras del lienzo, que se estiran y se contraen como respuesta a los cambios de temperatura y humedad. Este estrés físico hace que las capas de pintura y preparatorias se agrieten para aliviar la tensión acumulada. A veces, los bordes de las escamas de pintura se levantan, generando una curvatura conocida como cupping, que puede derivar en su completo desprendimiento.

Representación del cupping_OrganycArt
Diagrama del fenómeno del cupping.
Fuente: página web del Museo Mauritshuis.

Además, el craquelado puede intensificarse debido a intervenciones previas, como ocurrió con La Joven de la Perla. El uso de ciertos barnices en el pasado deshidrató la pintura, haciéndola más rígida y susceptible a la rotura.

EL BARNIZ: la crema antiedad de las obras pictóricas

Los barnices se aplican a las pinturas no solo para protegerlas del oxígeno, la humedad y la luz, sino también para realzar su efecto visual. Se podría decir que son como una mezcla de crema antiedad, maquillaje y filtro solar de las obras de arte.

Pero los barnices no permanecen inalterados con el tiempo. Con el paso de los años sufren modificaciones químicas, adquiriendo tonalidades amarillentas o marrones que alteran la cromática original del cuadro. También pierden sus propiedades físicas, volviéndose menos flexibles y quebradizos.

Las causas de este deterioro incluyen los siguientes procesos:

# Procesos oxidativos

Los procesos oxidativos, que ocurren cuando el oxígeno interactúa con el barniz, específicamente con los dobles enlaces y grupos funcionales de su estructura. Estos cambios químicos están relacionados con el amarilleo y oscurecimiento del barniz. Además, el oxígeno también puede oxidar los clavos que mantienen el lienzo unido al bastidor, pudiendo teñir el lienzo con otras coloraciones. Estos procesos oxidativos se aceleran con la luz UV y la temperatura, por lo que las obras expuestas al sol, cerca de chimeneas, o almacenadas sin control térmico, sufrirán un mayor envejecimiento de su superficie.

# La luz

La luz no solo favorece la degradación oxidativa de los barnices, también puede alcanzar la capa pictórica y degradar los pigmentos hasta hacerlos de desaparecer. Esto se debe a que la luz puede romper enlaces, modificando la estructura molecular o polimérica responsable del color. Este proceso se denomina fotodegradación.

# Procesos internos de degradación

Los barnices sufren fenómenos internos como la polimerización y la isomerización. Estos cambios químicos en su estructura contribuyen al endurecimiento y la fragilidad del material, haciéndolo más susceptible al agrietamiento.

# Humedad, temperatura y contaminación ambiental

La presencia de humedad ambiental, alta temperatura y otros agentes químicos como óxidos de nitrógeno o de azufre, junto con la propia naturaleza de los barnices, pueden conllevar otros cambios químicos que, con el tiempo, pueden activar procesos adicionales de degradación. La humedad también puede dilatar el lienzo y favorecer la aparición de hongos. Los cambios térmicos estacionales o de otro tiempo provocan ciclos de dilatación y contracciones del lienzo y las capas de materiales. Esta tensión suele dar lugar al craquelado del barniz, e incluso provocar el desprendimiento total o parcial de escamas de pintura. Todos estos cambios no solo afectan la composición del barniz, sino que también alteran sus propiedades físicas, como el color, la densidad o la flexibilidad.

En definitiva, cuando estos cambios se producen en cualquiera de los materiales que componen la obra, la integridad del cuadro puede verse comprometida. Si el barniz es el que ha sufrido el deterioro químico, su capacidad de protección se ve afectada, y aunque su alteración pueda generar un efecto visual atractivo, es fundamental intervenir para preservar la obra original y asegurar su correcta conservación a largo plazo. 

DESNUNDANDO AL CUADRO

Antes de realizar cualquier intervención en una obra de arte, es fundamental llevar a cabo un estudio exhaustivo para evaluar el verdadero estado de conservación todas de las capas de materiales. Además, esta evaluación también permite comprender la técnica y los materiales utilizados por el artista.

Este tipo de análisis no solo forma parte del estudio académico de la pintura, sino que también es crucial para tomar decisiones informadas sobre su conservación. Su realización es imprescindible antes de realizar cualquiera de las intervenciones habituales como son la retirada del barniz, la eliminación de la suciedad, la aplicación de retoques de pintura o la reaplicación de barnices.

En este sentido, la modernidad ha puesto a nuestra disposición tecnologías avanzadas que están revolucionando el cuidado del patrimonio artístico. Ciencia y arte, una vez más, convergen.

Radiografía de La Joven de la Perla, que muestra desprendimientos del pigmento.
Fuente: página web del Museo Mauritshuis.

# Los equipos

Actualmente, muchos de los equipos de los laboratorios científicos forman parte de los talleres-laboratorio de los museos y centros de restauración de arte. En ellos pueden encontrarse cromatógrafos, espectrómetros, microscopios, difractómetros y espectrofotómetros.

# La imagen

Las técnicas de análisis por imagen y el análisis químico permiten “desnudar” la obra sin necesidad de eliminar ninguna capa, al igual que los escáneres en los controles de los aeropuertos, que permiten ver nuestro cuerpo sin necesidad de despojarse de la ropa.

# La luz

Iluminar una obra con diferentes tipos de radiación electromagnética (IR, UV, rayos X) permite observarla de una manera completamente distinta a cuando se ilumina con luz solar. De esta forma, se puede escanear la pintura y evaluar cómo interactúan los distintos tipos de radiación (si son absorbidos, reflejados o dispersados) por los materiales que la componen (adhesivos, carboncillos, pigmentos, colas, barnices, lacas). Al emplear detectores de luz especializados, es posible revelar detalles que permanecen ocultos a nuestros ojos. De hecho, la imagen principal de este post es una composición creada con distintos fragmentos de imágenes obtenidas con distintas técnicas.

LOS SECRETOS DE LA JOVEN

En el caso concreto de La Joven de la perla, los estudios han permitido detectar algunas presencias no esperadas:

  • Azul ultramar, hecho con lapislázuli, en el turbante.
  • Una posible representación de una cortina detrás de la joven.
  • Blanco de plomo utilizado en los ojos y en la perla.
  • La firma de Vermeer.
  • Capas de esmalte en el turbante para proporcionar brillo.
La firma de Vermeer detectada por MA-XRF.
Fuente: página web del Museo Mauritshuis.

Lo más fascinante de todos estos análisis es que no solo nos ayudan a entender la composición técnica de la obra, sino que, al reconstruir los pasos seguidos por el artista en su ejecución, nos acercan a la forma en que trabajaba, revelando detalles sobre su proceso creativo y sus métodos de trabajo.

DESMAQUILLANDO A LA JOVEN DE LA PERLA

La remoción de la suciedad, capas de laca y barniz es sin duda uno de los puntos más críticos del proceso de restauración de una obra pictórica. La elección equivocada de cualquiera de los productos químicos empleados en el proceso o una incorrecta aplicación sobre la superficie, puede provocar daños permanentes en los extractos de pintura, o incluso eliminar por error las veladuras, que son al fin al cabo lo que dan significancia al cuadro. Afortunadamente, actualmente se dispone de mucha información procedente de diversas fuentes, tanto de los artistas como la aportada por técnicas científicas, contribuyen a evitar daños mayores.

Es por ello que el objetivo de la conservación de obras artísticas, tal y como que entiende hoy en día, no pretende dejarlas como nuevas, ya que tampoco se puede conocer ese estado, sino evitar que la degradación ponga en riesgo su disfrute por las futuras generaciones. Como decía Goya, también el tiempo pinta, y eso no debemos nunca perderlo de vista.

En el caso de nuestra ‘Joven’, podemos asegurar que por un tiempo continuará alimentando relatos internos, siendo una fuente de reflexión y admiración, que es, en última instancia, la función primordial del arte.

Libros

Imagen: Descripción: Collage de La Joven de la Perla realizado con distintos imágenes registradas con diferentes tipos de radiación. Fuente: página web del Museo Mauritshuis.

Gracias por leer hasta aquí.

¡Espero que hayas encontrado útil y entretenido este post!



2 respuestas a «[5] La crema antiedad de la Joven de la Perla»

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *